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Estilo educativo y cómo modularlo

El estilo educativo es algo implícito, emocional y en cierto modo inconsciente, describe la interacción entre padres e hijos a través de un amplio rango de situaciones. A su vez esta interacción afecta al desarrollo socioemocional del niño. Los padres generalmente utilizan una mezcla de dos componentes principales en interacción con sus hijos, el control y el calor emocional.

El control se refiere a dotar al niño de los límites y la estructura necesaria para desarrollarse saludablemente, incluye también comportamientos de monitorización, vigilancia y protección.

El calor emocional implica todas las actitudes de cariño y apoyo hacia los hijos, como demostrar con palabras y gestos el cariño, ayudarles cuando las cosas no salen como les gustaría, alentarles, mostrar que nos sentimos orgullosos de ellos, respetar sus opiniones, proporcionar una infancia estimulante, compartir y jugar con ellos, etc…

A grandes rasgos, el control debe adaptarse a la edad del niño, a medida que nuestro hijo crece va a cambiar su necesidad de sustento y protección. Mientras que el calor emocional es necesario a lo largo de la vida, pero se ira modificando de manera cualitativa según la edad y necesidades del niño.

Hasta los dos años de vida los niveles de control se encuentran al máximo, los padres crean en sus hijos la seguridad de cuidado y protección, a la vez que responden a sus necesidades más básicas.

Entre los dos y los tres años los niños empiezan a sentirse autónomos y así lo demuestran, es importante alentares en su autonomía, dejar que exploren y experimenten sin miedo, a su vez que les marcamos unos límites claros que les ayuden a guiar su comportamiento.

Entre los 3 y los 5 años se ira consolidando su autonomía y construyendo su autoestima, por lo tanto nuestro grado de control debe seguir modificándose, es importante favorecer que hagan cosas solos, que se enfrenten a pequeños problemas y consigan pequeños logros sin nuestra ayuda.

Para un adecuado desarrollo socioemocional es necesaria esta modulación de los niveles de control, si no lo hacemos podemos ejercer conductas de sobreprotección, las cuales crean en el menor una excesiva dependencia de sus progenitores, así como sentimientos de baja autoestima, incapacidad o falta de habilidades ante el conflicto.

En lo que se refiere al calor emocional, es importante mantener siempre altos niveles, los cuales iremos modulando en función de como sea nuestro hijo y de su edad, por ejemplo un niño puede tener más necesidad de mimos y contacto físico, mientras que para otro sean más importantes las muestras de aprobación verbal, a grandes rasgos también un adolescente puede tener menor necesidad de contacto físico con sus padres, pero necesita mucho del apoyo incondicional de estos.

Son muchos los estudios que demuestran la importancia de estos dos componentes como factor protector ante la ansiedad y el bajo estado de ánimo en niños, si sabemos regular correctamente el control ejercido y mantener nuestro calor emocional ayudaremos a que nuestros hijos crezcan siendo autónomos y capaces, a la vez  que se sientan válidos y con una buena autoestima.

En último lugar, y no por ello menos importante, para asegurarnos que ha entendido aquello que le pedimos, podemos utilizar recursos como el pedirle que repasemos juntos aquello que debe hacer y que sea el niño quien exprese verbalmente los pasos a seguir. Al principio, podemos ofrecer más ayuda o soporte para que pueda realizar la actividad con éxito y, a medida que veamos que va adquiriendo más autonomía, podemos ir retirando las ayudas de forma progresiva para fomentar de este modo su autoconfianza. En la misma línea, durante todo el proceso, es importante no olvidar destacar y reforzar aquellos logros que consigue día a día así como recalcar las cualidades positivas del niño.

Marina Monguillot – Psicóloga Infantil Synaptia

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